Una nueva esperanza para la Iglesia de la Crucifixión

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Levantándose de las cenizas          (from Caminos Magazine)                    

En la mañana fría del Miércoles de Ceniza, al inicio del recorrido de la estación de Cuaresma, el Obispo Daniel Gutiérrez sonrió amablemente a los que estaban presentes en el interior de la histórica Iglesia de la Crucifixión de la calle 8 con la calle Bainbridge en el sur de Filadelfia.

“Es solo el amor lo que les hace estar aquí sentados en esta mañana fría,” así les dijo a las 18 personas de la vecindad y de la Diócesis, que fueron celebrar el servicio en la iglesia, estructura de unos 132 años de antigüedad de estilo gótico renacentista, que había estado cerrada por casi dos años.

También, es el amor la fuente principal de calor que mantuvo la iglesia cálida en esa mañana de febrero.  El edificio no tenía calefacción, ni acceso para el agua, ni facilidades disponibles para usar los baños. Habían traído un calefactor portátil de propano que, con dificultad, pero con valentía funcionaba para mantener el área con una temperatura cálida para aquellas personas que asistieron a la celebración de la liturgia de Miércoles de Ceniza, un calefactor ruidoso del que tuvieron que apagar para poder escuchar el Evangelio y la homilía del Obispo Gutiérrez.

Así como nuestro caminar cuaresmal nos dirigía hacia la celebración gloriosa de Resurrección, esa misma mañana la histórica Iglesia de la Crucifixión se lanzaba a su propio viaje. Si usted observaba de cerca, podría ver la primera y frágil semilla de esperanza que provisionalmente estaba resucitando de las cenizas a la nueva vida. En un lugar santo construido para conmemorar la pasión y crucifixión de Jesucristo, allí estaba la esperanza de resurrección.

Con los hermosos vitrales como trasfondo que ilustran la crucifixión de Cristo, el Obispo Gutiérrez durante su homilía les habló a los feligreses: “Aquí hay esperanza, no solo uno con los otros, sino también en lo que creemos. Habíamos caído y habíamos estado destrozados, y necesitábamos a un salvador. Tenemos uno, en Cristo Jesús. No existe historia más hermosa que ésta en el mundo. Por esa razón es que estamos aquí . . .

Recordemos, tenemos a Dios no por una o dos oportunidades, sino que tenemos billones de oportunidades en él. Debemos tener lágrimas. Esto es lo que somos y en lo que creemos. Es vida nueva. La nueva vida para nosotros, nueva vida para este lugar, vida nueva para el mundo.”

Puede que la vida nueva parezca incierta para la Iglesia de la Crucifixión, pero la oficina del Obispo está trabajando en colaboración con el arcedianato y la comunidad, con un enfoque de base para discernir cómo las instalaciones espaciosas de la iglesia pueden ser mejor utilizabas para servir las necesidades del vecindario.

¿Cómo hacemos para fortalecer la comunidad y brindarle vida nueva afuera de este lugar de manera orgánica? Esto no es algo que requiere estilo de dirección jerárquica de quién supervisa a quien, el Obispo dice, “Quiero plantar algunas semillas y entonces que otras personas tengan el cuidado de nutrir las semillas para que puedan tener vida. ¿Cómo esto podrá servir a las necesidades espirituales, físicas, las de largo plazo, no solo las de la diócesis, también de nuestra comunidad inmediata del área sur de Filadelfia?

El proceso se puede resumir con la simple afirmación que ahora adorna la página de la Iglesia de la Crucifixión en Facebook: “Visualizamos un comienzo nuevo.” Esta frase viene de la apertura del formulario en línea de parte de la diócesis, creada para recopilar la data de los comentarios de nuestros vecinos y de otras personas acerca del futuro de la iglesia. (Si está interesado(a) en compartir lo que usted piensa, por favor tenga acceso en línea:  www.diopa.org/my-church/.)

Muchos de los feligreses que antes asistían a la iglesia regresaron al servicio del Miércoles de Ceniza, entusiasmados por la posibilidad de traer vida nueva al lugar. Aunque la congregación haya disminuido durante los años antes del cierre, Michael von Siegel recuerda, “se nos conocía por nuestra hospitalidad y nuestra cálida bienvenida.”

Von Siegel, un pasado miembro de la junta parroquial, el mismo había sido testigo de esa calurosa bienvenida. Como un hombre gay criado en la Iglesia Católica Romana que por primera vez visitaba La Crucifixión en el 2007, su experiencia fue haberse sentido bien recibido, “fue como haber llegado a mi hogar, a lo que me era familiar y conocido,” dijo, refiriéndose al rito y la liturgia que siempre él amó, “pero con una aceptación total.”

Por otro lado, Michael Berry desde los 12 años de edad, creció en la iglesia. Recuerda todo el buen trabajo que se hacía en el lugar, desde servir a los desamparados y proveer albergue a mujeres, hasta cubrir las necesidades espirituales de generaciones de familias.

“Me siendo mucho mejor ahora que están volviendo a hacer algo constructivo en la iglesia,” Berry, un pasado miembro de la junta parroquial, dijo. “Si abren nuevamente, volveré otra vez.”

La visión de un nuevo comienzo para la Iglesia de la Crucifixión, no se realiza aisladamente. En el 2017, la Diócesis abrió nuevamente la iglesia episcopal St. Stephen de la calle 10 con la calle Ludlow en Filadelfa, que se remonta al 1823, como también reabrió la iglesia St. John en el área de Norristown, que originalmente abrió sus puertas en el 1815.

“Estos son lugares sagrados,” dice el Obispo Gutiérrez. “Necesitamos visualizarnos en el ministerio. No necesitamos de museos, necesitamos iglesias vivificadas. Lo estamos haciendo juntos.”

Además del servicio del Miércoles de Ceniza, la Iglesia llevó a cabo por tres viernes en las tardes en el mes de marzo, las Estaciones de la Cruz. Durante los siguientes meses, otros servicios – de oración y litúrgicos – se celebrarán, ya que la diócesis seguirá abriendo los salones parroquiales, las oficinas y los espacios para los servicios de adoración y para el uso de la comunidad.

“Le pedimos a que vengan, se sienten en silencio, tengan un almuerzo, ofrezcan sus ideas y sugerencias, brinden su apoyo,” dijo el Obispo Gutiérrez, “Es nuestra oración que los niños, las niñas y las familias utilicen este lugar para sus actividades seculares y para sus necesidades espirituales. Además, tenemos la esperanza de que una vez más sean parte de la comunidad, que sirve, vive y respira. La Iglesia de la Crucifixión nos es meramente un edificio; es parte de nuestra experiencia colectiva como vecinos, amigos, y también para los compañeros que se quedan con nosotros por corto tiempo.

 

La historia de la larga experiencia de servicio

La Iglesia tiene una importante y enriquecida historia que debe ser valorada y compartida. La Iglesia de la Crucifixión fue fundada en el 1847, siendo la segunda Iglesia Episcopal Afroamericana predominante en la ciudad (la Iglesia Episcopal Africana de Santo Tomás en la calle 5 con la calle Adelphia, fue la primera, fundada en el 1795).

A lo largo de los años, la mundialmente reconocida contralto, Marian Anderson – la primera afroamericana que se presentó en la Ópera Metropolitana de New York en el 1955 – cantó allí. Después de prohibirle la entrada para presentarse en el Salón Constitucional en Washington, D.C. en el 1939, la señora Anderson fue invitada por la Primera Dama, Eleanor Roosevelt, para cantar en el Memorial de Lincoln, el domingo de Pascua, en una presentación que se escuchó en vivo por 75,000 personas que asistieron al evento y por millones de radio escuchas. También se presentó en la inauguración del Presidente John F. Kennedy en el 1961, y fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad.

Coro de la Crucifixión, Pascuas de Resurrección 1936

Un activista, sociólogo, erudito y escritor, W.E.B Du Bois se unió a la Iglesia de la Crucifixión en el 1897. En aquel tiempo, Du Bois – el primer afroamericano en recibir un grado doctoral de la Universidad de Harvard – fue profesor asistente de sociología en la Universidad de Pennsylvania.  Fue miembro de la parroquia mientras conducía y producía, su histórico estudio sociológico de una comunidad afroamericana, The Philadelphia Negro: A Social Study, en el 1899. Se convirtió en el cofundador de la NAACP y fue el destacado proponente del Panafricanismo.

Cuando la Iglesia de la Crucifixión fue fundada, los Cánones de la Diócesis de Pennsylvania excluyeron las parroquias afroamericanas de derecho a voto en la Convención Diocesana. De acuerdo con la excelente historia de la iglesia documentada por Michael Krasulski, profesor asistente de la universidad Community College de Filadelfia, y miembro de la Iglesia San Lucas y la Epifanía en Filadelfia, la iglesia surgió de la misión Episcopal Free Mission Church, fundada en el 1846 para trabajar con afroamericanos, residentes afectados por la pobreza en los peores barrios de la ciudad.

En el artículo que escribió para la circular de The Historiographer, una publicación de la National Episcopal Historians and Archivists and the Historical Society of the Episcopal Church (Historiadores y Archivistas Nacionales Episcopales y la Sociedad Histórica de la Iglesia Episcopal), Krasulski relató cómo Thomas A. Latimer, una persona caucásica, miembro de la Iglesia S. Paul, organizó la misión con los rectores de otras parroquias cercanas, y con el apoyo del Muy Rvdo. Alonzo Potter, obispo en aquel entonces. Rápidamente la misión creció en aquel salón alquilado donde comenzaron, y un plan fue concebido para crear una nueva iglesia.

Latimer reclutó a 12 personas caucásicas, feligreses de otras Iglesias de la ciudad para que se desempeñaran en la junta parroquial de la nueva Iglesia de la Crucifixión, en un esfuerzo para eludir los Cánones. Los Artículos de Asociación de la Iglesia de la Crucifixión de la Diócesis de Pennsylvania fueron aprobados en el 1847, pero para aquel tiempo, la Convención Diocesana del 1848, prolongó los procesos, el hecho de descubrir que la Crucifixión era realmente una parroquia afroamericana, los tres delegados caucásicos fueron rechazados de su asiento y del derecho a voto. Pasaron otros 16 años, en el 1864, antes de que los delegados de la Crucifixión y la Iglesia Episcopal Africana de Santo Tomás fueran admitidos en la Convención.

Clases en la iglesia para Confirmación, 1964

Desde sus comienzos en un espacio alquilado, la Iglesia de la Crucifixión construyó una casa pequeña en el 1851 en la calle 8 sur entre las calles South y Bainbridge. Superó su primera estructura en tan solo unos 26 años, y en el 1884, abrieron una iglesia más grande que es la que aún perdura hasta el día de hoy.

Desde sus primeros años, la Iglesia de la Crucifixión estuvo fielmente comprometida a servir, empezando con su Hogar para Desamparados en el 1868 y extendiéndose a través de muchas comunidades en sus esfuerzos ministeriales y de alcance comunitario.

Como escribe Krasulski: “Aunque la Iglesia de la Crucifixión fue, primero y ante todo, una parroquia de barrio, ésta se extendió como tentáculos, más allá de sus paredes, por todo el vecindario con sus programas de alcance comunitario, actividades iniciadas por la iglesia, y otros ministerios, tocando e influenciando a todos en la ciudad.”

Sin embargo, como en la ciudad y en el sur de Filadelfia sufrieron numerosos cambios en los datos demográficos y otros cambios en las últimas décadas, la asistencia regular a la iglesia y los recursos fueron disminuyendo, cerrando sus puertas el 1ro de mayo de 2016.

 

Visualizando lo imposible

Por supuesto que existen retos significativos en traer a la iglesia vida. Las filtraciones del techo causaron daños en el interior mucho antes de la iglesia cerrar en el 2016. Extenso y costoso – fue el proceso de las renovaciones y reparaciones que se requirieron en toda el área de 18,000 pies cuadrados para hacer posible nuevamente el uso de las facilidades.

El Obispo Gutiérrez, sin embargo, espera en la gente de la vecindad, del arcedianato, y de la Diócesis, a que oren y permanezcan abiertos a lo que Dios puede hacer.

“Visualicemos lo imposible, justo nuestra fe puesta en Jesucristo que se realiza lo imposible y todas las cosas las ha hecho nuevas,” dijo.

Al comienzo de Cuaresma, el Obispo Gutiérrez envió un mensaje a los rectores, al arcedianato y a las oficinas diocesanas sobre los esfuerzos que tenemos que hacer para dar nueva vida a la Iglesia de la Crucifixión. Les pidió a que consideraran el mantener los servicios de adoración y dirigir las oraciones en la iglesia, desde los servicios de las Completas, la Santa Eucaristía, y la celebración de las Estaciones de la Cruz.

“La Crucifixión pertenece a toda la diócesis,” escribió. “Caminamos juntos y buscamos tu liderazgo, pensamientos, ideas y oraciones mientras damos la bienvenida a la vida en este santo lugar.”

Una visita a la Iglesia de la Crucifixión bastó para conmover a la Rvda. Patricia Cashman, rectora de la iglesia Gloria Dei en Filadelfia, para dirigir en marzo las Estaciones de la Cruz allí.

“Entrar al santuario por primera vez, me hizo dar un paso hacia atrás,” recuerda la Rvda. Cashman. “La iglesia es tan austera y hermosa, como una de las grandes iglesias monásticas de Europa. Toda la Cuaresma parecía destilada en el granulado vitral oscuro que revela el Calvario sobre el altar. Di una mirada alrededor y vi las Estaciones de la Cruz a lo largo de las desnudas paredes de ladrillo y supe inmediatamente que tenía que hacerlas aquí.”

La Diócesis ayudó en la publicidad del servicio, lo que atrajo a los feligreses que asistían antes a volver otra vez, atrajo también a vecinos y al personal diocesano.

“Tuvimos música incluyendo la música del antiguo órgano, utilizando mi móvil y su aplicación  bluetooth con sus bocinas,” ella dijo. “Nos fue muy bien en los tres viernes que hicimos los servicios en la tarde y en cada servicio la gente relató haber tenido una experiencia asombrosa, unos sin haber hecho nunca el Viacrucis anteriormente, o no haberlo hecho desde su niñez. ¡Reímos cuando algunos episcopales dijeron que ni sabían que tenían el Viacrucis! Algunos jovencitos vinieron y fue maravilloso ver cómo participaron fácilmente de este antiguo ritual.”

Y tal como sucedió en el servicio del Miércoles de Ceniza, después de todo la gente se quedó en los alrededores, evocando el pasado de la iglesia y hablando con entusiasmo sobre su posible futuro.

“Para ser una Iglesia en desuso,” dice la Rvda. Cashman, “parecía misteriosamente viva.”

 

(Este artículo fue presentado por Jack Croft, escritor y feligrés de Holy Trinity Lansdale).